Mi Secretaria Claudia

Mi nombre es Carlos, vivo en la CDMX y tengo un pequeño negocio. Tengo 35 años y siempre me ha gustado disfrutar de las cosas buenas que tiene la vida…

En mi negocio tengo 3 secretarias, Claudia, Elena y Mariana. No tiene mucho caso hablar de Elena y Mariana… pero tengo que contarles de Claudia… es una de esas secretarias que tienen al jefe más que bien atendido… Bueno, la contraté hace cinco meses, porque el trabajo era ya demasiado para las otras dos muchachas. Yo casi no tenía contacto con ella, pero todo cambió a gracias a que una noche, me tuve que quedar a arreglar unos documentos en la oficina. Claudia se ofreció a echarme una manita con el trabajo.

Cuando nos quedamos solos, entró a mi oficina y se detuvo en la puerta. Estaba echa un mango… les platico cómo es: estatura medianita, delgada, de piel morena… tiene un par de… ojazos que echan fuego, y bueno, sus caderas son de infarto… además le gusta usar unas faldas pegaditas pegaditas, que hacen que su cuerpo resalte y a uno se le antoja hacerle de todo con solo verla. En fin, llevaba una blusa blanca, y sus abundantes senos mantenían el último botón de la blusa al borde del colapso… era todo un espejismo verla inclinándose sobre el escritorio…

Le pedí que tomara asiento y Claudia se acomodó y cruzó la pierna, dejando la punta de su tacón negro rozando mi rodilla. Como no queriendo la cosa, ya saben… aunque después resulta que sí quiso, y no se quedó con ganas.

Mientras trabajábamos checando números y detalles más que aburridos, pude sentir cómo se acercaba a mí más y más… poco a poco sus piernas dejaron de estar cruzadas y comenzó a separarlas, su voz comenzó a hacerse más suave…  Claudia se inclinaba hacia mí y oprimía ese delicioso par de senos contra mi hombro… yo estaba excitadísimo. Sin verme muy lanzado, volteé la vista y la clavé en ese escote que me llamaba con tantas fuerzas.

Fue cuando Claudia hizo un movimiento con la cabeza, como dándome autorización de seguir… sin pensarlo dos veces clavé mi cara entre sus pechos… tan cálidos… desabotoné su blusa con urgencia y al fin pude sentir entre mis manos ese delicioso par… los comencé a lamer, Claudia gemía suavecito… y repetía: “Sí, sí…” mientras, con sus manos bajaba la bragueta de mi pantalón buscando mi miembro, que ya estaba tan duro que no se podía esconder… “Jefe…”, me dijo… “Creo que voy a cambiar de asiento” … Yo no podía ni hablar… digo, tenía la boca bien ocupada con uno de sus exquisitos senos, deliciosos… Claudia se puso de pie, lentamente subió su falda y tomando mis dos manos, bajó su ropa interior… una de esas tanguitas coquetas de encaje negro… mis manos recorrieron sus piernas, llegaron hasta su entrepierna y pude sentir su humedad… y con una destreza de maga, se dejó caer sobre mí. No puedo explicar lo rico que fue entrar en ella… como un animal la puse sobre el escritorio… sus nalgas eran un manjar y mientras más fuerte la penetraba, ella pedía más… “Así Jefe, así” … decía una y otra y otra vez… movía sus caderas con un ritmo que me tenía hipnotizado. Primero despacio y después más rápido y con más fuerza y sus nalgas chocaban contra mis piernas… le estaba dando tan rico, ella estaba disfrutando tanto, que al menos un par de veces tuve que detenerme. No quería que eso terminara… Pero ya no podía resistir. “Está tan dura… Jefe…” dijo Claudia y justo antes de explotar dentro de ella, se detuvo… volvió a mirarme por sobre su hombro, sonrió y me dijo: “Jefe, quiero que termine sobre mí…” nuevamente comenzó a moverse con total maestría, frotaba sus nalgas contra mi durísimo miembro… las piernas me temblaban, no podía creer lo que estaba pasando… Volvió a sonreír, se puso de pie, acercó la silla para que yo descansara un poco y mientras se acomodaba la ropa, me dijo: “Jefe, muchas gracias por dejarme trabajar con usted… espero que me tome en cuenta cuando tenga más… “pendientes” …

Ahora siempre que hay trabajo pendiente, recurro a Claudita para que me ayude… y tengo que decirles… hasta le aumenté el sueldo… Secretarias así, hay que cuidarlas, y muy bien.

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